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Una marcha feminista en otro país

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Por Fadia Cervantes

#8M Paro Internacional contra el Heteropatriarcado fue el nombre de la convocatoria madrileña para este día, y para mí el primer acto político que realizo en tierras occidentales. En mi universidad (UAM) había comenzado días antes con mantas colgadas sobre las actividades que se realizarían en torno a este día, ¡claro! está en la agenda. Había un paro de actividades de 12 a 12:30 p.m. y la marcha de Cibeles a Plaza España, entre otras. Además en uno de los caminos de la universidad se colocaron fotos de mujeres famosas y sus historias, tipo Marie Curie, Rosalin Franklin, entre otras más.

Así fueron pasando los días hasta la llegada del 8M, el cual pareció tener un clima totalmente primaveral, me atrevería a decir que ha sido el día más caluroso para mí desde que llegué a estas tierras. En el viaje hacia la uni me empeñaba en buscar resquicios entre las mujeres, algo que me dijera “ella sabe que hoy es un día importante”, sin embargo, no logré captarlo en ninguna hasta que llegué a la universidad y observé a todas tan parecidas a mí, hasta parecíamos uniformadas, chicas que aún se encontraban en el pasto donde se juntarían para hacer el paro

Ya pasadas las horas me dispuse a dejar el laboratorio y encaminarme a lo que sería mi primer marcha en este país, en el camino a la renfe encontré varias pintas feministas y muy emocionada fui hacia las Cibeles, ya en el metro Sol ¡éramos muchísimas!, de hecho de lo más parecido que he visto al metro mexicano. Llegando al metro Plaza España, me fue muy difícil salir porque había literalmente un mar de gente y yo, estaba muy contenta y emocionada de ver a tantas mujeres de todas las edades: viejitas, niñas, mamás con carriolas, estudiantes y trabajadoras yendo a la marcha; cabe mencionar que en lo que va de este año han sido asesinadas 15 mujeres en España, la mayoría por sus parejas y una de ellas de hecho con una orden de restricción.

Al fin salí del metro y que me encuentro con la inmensa multitud, la marcha no avanzaba y yo no sabía porqué, hasta que una señora me dijo: “tenemos colapsada Granvia por eso no avanzamos, estoy muy feliz” y al ritmo de los tambores que por momentos eran muy hipnóticos fue avanzando poco a poco la multitud de mujeres y hombres.

 

Escuché consignas nuevas como: “Mi cuerpo, mi vida, mi forma de follar no se arrodilla ante el sistema patriarcal” y también otras ya conocidas por mí, pero con palabras españolas. Solo vi una pinta en las paredes de las calles y si soy sincera fue algo que me decepcionó un poco; así fue como llegamos al final de la Granvia y la marcha en Madrid concluyó con una especie de ritual a una vagina que tenía alegoría a una virgen.

Después de esta gran experiencia, caminé a la estación del metro Sol con algunas chicas y llegando ahí habían algunas otras rodeando el campamento de las compañeras que se encontraban en huelga de hambre; en ese momento me di cuenta que ya era muy tarde y decidí regresar a casa, con una satisfacción tan grande de haber tenido la oportunidad de participar en una marcha en otro país

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